El tema de los ‘expats’, esto es, aquellos migrantes con buenos sueldos y pasaportes, aparece cada cierto tiempo en los medios de comunicación catalanes y, sobre todo, en aquellos con mayor difusión en Barcelona. Por alguna razón, que va desde su nivel de ingresos, pasando por su falta de ‘integración’, hasta llegar al uso del catalán o, incluso, el castellano, que hacen en el espacio público, nos preocupa su existencia. Surge, de esta manera, una especie de necesidad, de desesperación, de saber cuántos son, dónde están, qué hacen y con quién se relacionan ya que, debido a cuestiones de tipo mágico que se me escapan, una vez haya sido posible su cuantificación, localización, caracterización y análisis, pasaremos a un nuevo nivel en el cual, de nuevo sin saber muy bien porqué y cómo, podremos abordar la situación. Pues bien, yo os digo: ni sabemos cuántos ‘expats’ hay, ni lo sabremos nunca y, lo mejor de todo, ni falta que nos hace.
De acuerdo a las recientes investigaciones del geógrafo Toni López-Gay, del Centre d’EstudisDemogràfics (CED) de la UniversitatAutònoma de Barcelona (UAB), el número de este tipo de migrantes se encontraría, aproximadamente, en torno a los 200 mil, para la capital catalana. El investigador del CEA basa su análisis en información estadística que se encuentra publicada y al acceso de todo el mundo. Estas 200 mil personas resultarían de cruzar el número de habitantes de origen extranjero, censados en la ciudad, y que, además, contarían con una formación académica universitaria. Si ponemos juntas estas variables (origen y formación) nos podríamos acercar, siquiera tangencialmente, a una imagen del conjunto de los ‘expats’ que se encuentran en Barcelona. Para ver dónde se ubican es posible proceder de una forma similar: es construyen ratios, según periodos determinados de tiempo, de las cifras anteriores pero centrados territorialmente, por barrios o Distritos, y se las relaciona con el resto de habitantes locales, según origen y nivel de estudios. Esta información nos señalaría que los ‘expats’ se encontrarían concentrados, principalmente, en el Gòtic, seguidos de Sant Pere i Santa Caterina, la Barceloneta y, finalmente, la derecha del Eixample. Además, muchos de los que aparecerían como tales en esta aproximación impresionista pueden ser argentinos con pasaporte italiano o bangladesíes con altos niveles de cualificación y empleo, gente a la que nunca denominaríamos ‘expat’, ya que la definición aceptada popularmente es más política que sociológica; una cuestión que incluye elementos de racialización y clasismo en el discurso público.
Ver dónde se relacionan es más complicado, porque sería necesario realizar trabajo de campo. A día de hoy, este conjunto heterogéneo de trabajadores y trabajadoras, y según una investigación en la que me encuentro inmerso, conjuntamente con otros compañeros del proyecto Ondemand City, como Pablo Díaz y Guillermo Aguirre, parecen, por una parte, crear sus propios espacios de sociabilidad usando, en gran medida, aplicaciones móviles y plataformas de internet (las playas, determinados espacios deportivos, bares y restaurantes específicos, parecen estar entre sus preferencias), pero, por otra, parte, y de forma significativa, parecen querer huir, también, de espacios relacionados con su propia comunidad, apostando por visitar lugares más anónimos y propios de la ciudad condal (si es que a estas alturas queda alguno). La gran mayoría de las veces supone una mezcla de ambos pareceres e intenciones. Hay que añadir, a todo esto, que ni siquiera existe una definición precisa de lo que es un ‘expat’. No obstante, como digo, esto no nos debería importar.
Estos días está teniendo gran protagonismo en la esfera pública comunicativa de Barcelona el caso de la Casa Orsola. El edificio de corte modernista situado en la izquierda del Eixample fue comprado por un fondo inversor cuya objetivo no es otro que expulsar a los vecinos actuales, que pagan en torno a los 700-1000 euros de alquiler, y sustituirlos por otros, tras una inversión en la mejora de las viviendas, que puedan pagar más, alcanzando alquileres imposibles de más de 1500 euros, e incluso 2.000, dependiendo de la tipología. La cuantía media del alquiler en el Distrito del Eixample es de 1.300 euros, cantidad que se encuentra fuera del alcance de la gran mayoría de la población de la ciudad. El hecho de que las dinámicas especulativas y la gentrificación lleguen, incluso, a las clases medias locales es uno de los elementos que se encuentran detrás, además, de la significación que ha alcanzado en los medios la situación de este edificio. Su nivel simbólico es enorme, ya que nos indica, conjuntamente con el hechode que nos encontramos ante una problemática que cubre toda la ciudad, que lo que aparentemente se presenta como un problema privado no es otra cosa que una afección colectiva. Pero hay más.
Si nos quedamos con la simple fotografía de lo que está ocurriendo, la sustitución de una población por otra, ahora por trabajadores temporales y pisos turísticos, o clases sociales medias-altas que puedan hacer frente a los nuevos precios, no tendremos sino un análisis bastante limitado y pobre de lo que está pasando. No se trata de una fotografía, sino de una película que no tiene por quétener fin. Si hoy día, y con las condiciones legales que regulan el mercado inmobiliario, las cuantías medias de los alquileres de zonas como el Eixample se encuentran en los 1.300 euros, en 5 años podrían ser el doble, sino más. Los ‘expats’, estos vehículos simbólicos que ahora mismo canalizan nuestra incomprensión y, porqué no decirlo, parte de nuestra rabia, tampoco los podrán pagar. No se trata pues de compartimentar a los inquilinos, presentes y futuros de la ciudad, entre aquellos más o menos pudientes, sino de señalar que la problemática real, la que nos ha traído hasta aquí, es la existencia de un ambioso sector inmobiliario y financiero cuyo único objeto es extraer la mayor cantidad de renta posible de las personas que necesitan o quieren habitar Barcelona. Esta lógica extractiva, además de no tener límite aparente, nos sitúa a los barceloneses actuales exactamente en el mismo lugar que los ‘expats’: confrontados a unos fondos inversores y especulativos. Si de ‘integración’ hablamos, sinceramente, hay mucha más gente ‘no integrada’ en Pedralbes y Sant Gervasi que entre los ‘expats’ del Poblenou. El tema del idioma, del catalán, que es el que realmente se encuentra en peor situación, es común a otros sectores sociales y por supuesto que son necesarias políticas públicas potentes y diversificadas que le ponga solución. Y, sinceramente, dónde vaya esta gente a relacionarse me da igual.
De esta forma, y para finalizar, como dice el refrán, para que el árbol no nos impida ver el bosque, y hemos de comenzar a pensar más en crear alianzas con colectivos que potencialmente se encuentran en nuestra misma situación y no dejarnos llevar por cantos de sirena, a veces de tinte xenófobo, otros simplistas, que localizan la solución, no solo allí donde no es posible hacer nada, sino a lugares donde tienen las de ganar los de siempre. No tenemos que saber cuántos ‘expats’ hay en Barcelona ni falta que nos hace. Pongamos, más bien, límites a la especulación.



2 comentaris
“canalizan nuestra incomprensión y, porqué no decirlo, parte de nuestra rabia,”
Creo que ahí se ha sincerado usted, quizá sin querer; es un discurso típico motivado por la envidia del académico que se ha pasado la vida estudiando y ve que al tendero de la esquina, que no sabe más que vender chinadas, le va mucho mejor.
Es más duro reconocer, ya tarde en la vida, que a uno le han timado verdad?
No acepta las virtudes del capitalismo y el desarrollo que ha traído a la ciudad, tampoco la propiedad privada; los fondos no invertirían si no esperasen un beneficio; compran, renuevan e invierten en el barrio, no la ciudad que usted quisiera sino la que es.
Comienza haciendo un estudio con su método y su estadística y luego lo deja a la mitad, mezclándolo con opiniones personales y odio; el colectivo no tiene afecciones, sino la persona, y cada uno tiene los suyos, ese afán de colectivizar y categorizar hace que saque conclusiones de brocha gorda.
Racialización, clasismo? No sabe qué más piedras tirarles a los expats.
Irá a peor con el tiempo, vaya.
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