Con la siguiente cita de El gran Gatsby (The Great Gatsby, 1925), del escritor F. Scott Fitzgerald, comienza la novela gráfica de Tessa Hulls: «Así que seguimos avanzando, como botes contra la corriente, atraídos sin cesar hacia el pasado». Una cita corta que nos aporta cuantiosa y valiosa información. Por un lado, el reconocimiento a la influencia de la cultura popular en la formación de su carácter, tanto de películas como novelas y cómics, ampliamente referenciados en sus viñetas, en especial la cultura de su país de nacimiento, Estados Unidos, donde nació convirtiéndose en la primera generación americana de su familia, con una madre china y un padre inglés.
Por otro lado, nos prepara para las cerca de cuatrocientas páginas dedicadas a mostrar la biografía de tres generaciones, en un trabajo de investigación y divulgación titánico que le ha llevado nueve años de su vida en su concepción, los tres últimos dibujando. Reservoir Books publica en febrero de 2025 la primera novela gráfica de Tessa Hulls, Alimentar a los fantasmas. Autobiografía en viñetas (Feeding Ghosts. A Graphic Memoir, 2024), con traducción al castellano de Juan Naranjo y rotulación y maquetación de Sergi Puyol, con un trabajo de los dos destacados en un libro que supone todo un reto editorial, tanto por el texto como por la rotulación, en consonancia con la ambición narrativa de la propia autora y lo insólito del proyecto, de una magnitud que sorprenderá a los lectores, al mostrar la vida de las tres protagonistas, contextualizando sus vicisitudes a la situación política y social de cada instante vital, así como los problemas de salud mental que les afectó de diferente manera a las tres a lo largo de sus vidas.

Tessa Hulls nace en 1984 en el norte de California, una joven de ascendencia china que vive en un pequeño pueblo con su hermano mayor, su madre y abuela chinas y su padre británico, en un lugar donde no había nadie más asiático en su entorno más próximo, un dato trascendente para su integración en la comunidad o, precisamente, por su falta de integración. Su madre, Rose Kuo, con nombre occidentalizado (su nombre verdadero es Gok Yi Teem), nació en octubre de 1950 en Shanghái, China, hija de un padre suizo, trabajador del consulado, que mantenía una relación con su madre, Sun Yi (1927-2012), una periodista y activista china que sufrió la persecución del nuevo régimen chino en los años cincuenta. Tuvo que exiliarse primero de su ciudad natal, Suzhou, y después de Shanghái, donde vivió casi una década.
Ese periplo particular que vivió Sun Yi en un momento fundamental de la historia de la China, lo pudo narrar en la autobiografía titulada Ocho años en el Shanghái rojo. Amor, hambre y persecución (1958), publicada originalmente en mandarín en Hong Kong, convirtiéndose en un gran éxito de ventas en ese instante, aunque su nieta no la pudo leer hasta que ella misma coordinó su traducción al inglés en 2016, entre otros motivos porque su madre pensó que era buena idea no enseñarle a hablar mandarín desde pequeña, a pesar de que era la lengua en la que hablaban la madre y la abuela en el hogar. Esa traducción sirvió para presentar a su abuela como una persona mucho más compleja de lo que pensaba.

La muerte de su abuela espoleó a Hulls a buscar en el pasado familiar las respuestas a las muchas dudas que giraban alrededor de su familia, especialmente en su tensa relación con su madre, en la que en el cómic cataloga como poseedora de una gemela fantasma, haciendo referencia a la dualidad que supone tener una madre cariñosa y complaciente en ocasiones, que alternaba con otra irascible y distante. Una madre volcada en el trabajo (como asistenta social y profesora en las últimas décadas), en el trabajo en el hogar familiar y, sobre todo, en el cuidado de su madre, aquejada en los últimos cincuenta años de trastornos de salud mental, con brotes psicóticos que provocaban su ingreso intermitente en centros psiquiátricos. Una condición que, aparentemente, fue el resultado de la represión que tuvo que sufrir a lo largo de muchos años por parte del estado chino.
El ensayo autobiográfico de Sun Yi fue prohibido en China, y quizás esta novela gráfica también lo sea, al menos es una duda que se plantea la autora en una de sus viñetas, puesto que una tercera parte de la novela gráfica está dedicada a la vida de su abuela, para lo que necesita contextualizar la situación política del país, con datos escalofriantes en algunos casos. La autora presenta de forma breve y clarificadora algunos de los conflictos más importantes de la historia de la China, con continuos conflictos bélicos a lo largo de prácticamente un siglo, prácticamente hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque el calvario para la población no cesó en ese instante.

La misma autora describe la historia China como turbulenta, comenzando con la Primera Guerra del Opio (1839-1842), y siguiendo por la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), la Primera Guerra Sinojaponesa (1894-1895), la Primera Guerra Civil China (1927-1936), la Segunda Guerra Sinojaponesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Civil China (1945-1949), que finalizó con la victoria de los comunistas y los nacionalistas desterrados en su mayoría a la isla de Taiwán, al menos los que sobrevivieron, porque las batallas fueron cruentas. Sun Yi, la abuela, nació en 1927 en Suzhou, en una familia de intelectuales y docentes que tuvo que huir justo diez años después cuando llegaron noticias de una de las atrocidades más salvajes cometidas por un ejército invasor sobre la población civil.
La autora sintetiza el desencadenante de su historia familiar de la siguiente manera: «El 13 de diciembre de 1937 la ciudad de Nankin cayó en manos del ejército japonés. Durante seis semanas, los soldados victoriosos desataron una oleada de terror de una violencia inimaginable. En su libro La violación de Nankin (2016), la autora Iris Chang describe como los soldados japoneses competían para ver quién decapitaba más chinos. A las embarazadas las mataban a bayonetazos en el estómago. Decenas de miles de mujeres fueron brutalmente violadas. El recuento de muertes varía, pero el tribunal penal para el lejano oriente habla de 260.000 personas, una cifra mayor que la suma de las víctimas de las dos bombas atómicas». El ejército japonés se encarnizó también con la familia de Sun Yi que no habían marchado de la ciudad, violando salvajemente a su prima y ahorcando a su tío que, aunque sobrevivieron los dos, padecieron problemas de salud mental el resto de sus vidas.

Todos los hijos de inmigrantes se enfrentan a lagunas históricas a la hora de reconstruir el pasado de sus padres. «Hacemos reingeniería inversa buscando las piezas que faltan» afirma Hulls en una de las viñetas, aunque ella partía con una ventaja notable: la autobiografía escrita por su propia abuela. En ella mostraba su experiencia como periodista en Shanghái, su relación sentimental con un diplomático suizo que, al comunicarle su embarazo, desapareció para siempre, aunque años más tarde supo que se había quitado la vida quizás producto de una depresión. La realización de la novela gráfica llevó a la autora a conocer a los descendientes de su familia suiza, así como los intentos de su madre y su abuela de contactar con él, hasta que supieron del fatal desenlace.
Una joven periodista madre soltera de una mestiza no lo tuvo fácil en la década de los cincuenta, sufriendo penurias de todo tipo, aunque lo más duro estaba por llegar, después de la caída de la región de Shanghái y quedar en manos del Partido Comunista Chino. El control y la represión sobre el pueblo era de tal magnitud que provocaron una oleada masiva de suicidios en las ciudades. Por su parte, el partido comunista empleó tres tácticas para lidiar con la gente ideológicamente problemática: ejecución, la más drástica y eficaz, incluso en la correspondencia interna del partido se refleja que se llegaron a establecer cuotas de muertes por cada mil personas; los campos de trabajo, utilizados para adoctrinar a los desviados y que, en cierta manera, perduran hasta la actualidad aunque no con la intensidad original; y la reforma del pensamiento. La autora cita a Edward Hunter y a su libro El lavado de cerebro en la china roja. La destrucción calculada de la mente (1953), donde consideraba que «la reeducación comunista estaba cimentada en la ideología, y que se reestructuraba alrededor de dos elementos básicos: la confesión, exposición y renuncia a un pasado y un presente nocivos, y la reeducación, la reconstrucción de la identidad según la idea comunista».

Su abuela fue sometida a un proceso que acabó provocando el colapso de su mente, un colapso que le acompañaría el resto de su vida. Como al resto de conciudadanos susceptibles de ser conflictivos (su pasado como periodista crítica con los comunistas fue su perdición), fue sometida a una vigilancia extrema en la que se controlaba todo lo que hacía y decía. Se les arrestaba frecuentemente y les obligaban a escribir una y otra vez la misma confesión sobre lo que habían hecho, esperando una pequeña contradicción para culparla. Por último, se les acusaba de mentir y se les amenazaba con la cárcel o con la ejecución, y, de nuevo, debían escribir, una y otra vez, su confesión, hasta la extenuación… o hasta perder la cordura, como le ocurrió a Sun Yi, literalmente.
Finalmente, pudo exiliarse a Hong Kong y gracias al éxito de su autobiografía, consiguió internar a su hija en un colegio elitista inglés, lo que le permitió una educación singular que le llevaría a una universidad americana al cabo de una década y a una vida lejos de su China natal, mientras que su madre empezaba un periplo de entrada y salida continua de centros psiquiátricos, hasta que su hija la llevó a vivir con ella, convirtiéndose en su cuidadora para el resto de su vida. Una convivencia que también afectó a la relación de la madre con su hija estadounidense, que vivió también su particular búsqueda de identidad, siendo la realización de esta novela gráfica el final de un proyecto que le ha permitido reencontrarse con los fantasmas de su pasado, en una experiencia extraordinariamente intensa que la autora ha tenido la generosidad de compartir con los lectores.
La novela gráfica está realizada en un blanco y negro abrumador, con manchas de negro que dan matices a una historia dibujada con un estilo singular que huye del realismo para centrarse en un discurso simbólico y particular. A veces, las historias de los países es la de sus ciudadanos, y así se lo han hecho saber lectores de ascendencia china en Estados Unidos, Gran Bretaña o Australia, que le indicaban a la autora que sentían como propia la historia personal que ella narraba sobre ella misma, sobre su madre y su abuela. Personas de varias generaciones que arrastran las mismas heridas y que, en cierta manera, esta lectura les ha supuesto un ejercicio de sanación.
No así para la madre de la autora, Rose, que no ha podido leer la obra final publicada en marzo de 2024, por sufrir poco antes un ictus que le ha mermado su capacidad cognitiva, aunque sí pudo participar del proceso creativo y compartir con su hija recuerdos y experiencias al viajar juntas a las ciudades de su infancia, tanto de su madre como de su abuela, y revivir momentos muy emocionantes, en especial, al conocer a su familia china con la que no tenían apenas contacto. La obra está prevista que se publique en Taiwán en una edición en mandarín, aunque no está claro que se pueda vender en China. En algunos aspectos, parece que no han pasado los años.



