Un poco de historia
Este año celebramos los seiscientos años de la llegada de los gitanos a la península ibérica; el gobierno ha declarado el año 2025 como el año del pueblo gitano y se celebrarán diversos actos para conmemorarlo. Un documento escrito, el más antiguo que se ha encontrado, certifica la presencia del pueblo gitano en nuestro país el 12 de enero de 1425. Llegan a una península ibérica repartida entonces en varios reinos: Aragón, Castilla, Navarra, Portugal y Al Andalus. Su entrada se produce por los Pirineos, después de recorrer Europa en su viaje que comenzó en el Punjab (en la frontera entre los actuales India y Pakistán); por tanto, entran en el antiguo Reino de Aragón (Aragón, Cataluña, País Valenciano y Baleares). Según el documento, que llevaba la firma del Papa Martín V, debían ser protegidos porque eran un grupo de peregrinos a Santiago de Compostela, un camino que recorrían bastantes grupos ya en esa época.
Evidentemente, tuvieron la protección que exigía el documento del Papa; ahora bien, con la conquista de Granada, en 1492, los llamados Reyes Católicos intentan unificar el territorio del actual reino de España. Conquistaron también Navarra, en 1515, y consiguieron que sus descendientes fueran reyes, a la vez, de Castilla y Aragón. Para aumentar la autoridad de la monarquía frente al poder de la nobleza feudal necesitan cierta uniformidad: la ideología católica debe ser la única presente; por eso, hay que expulsar (o forzar a su conversión) a judíos y musulmanes, rompiendo la buena relación intercultural, que diríamos ahora, que existía y que fue fructífera en avances tecnológicos y de pensamiento, entre las tres culturas. Los gitanos se manifestaban como católicos, pero su manera de vivir, su lengua y algunos costumbres los hacían sospechosos.
La primera pragmática antigitana se publicó en 1499. Fue el comienzo de las persecuciones que sufrió el pueblo gitano a lo largo de los seis siglos que convive con nosotros. Entre las diferentes normativas y pragmáticas reales, unas 250, hay que destacar la Gran Batida de 1749: un proyecto criminal que quería eliminar a todo un pueblo; un genocidio según la terminología actual. Fue un precedente del Porrajmos, el segundo intento meticuloso de eliminarlos, ahora por parte del régimen nazi. Gitanos, comunistas, discapacitados y judíos fueron perseguidos y asesinados de manera sistemática. Respecto al pueblo gitano, la cifra de muertos llegó al medio millón según diversas fuentes históricas. La deportación de los gitanos se hizo a cara descubierta en pleno día, sin que la opinión pública reaccionara en lo más mínimo. Ninguna de las instituciones que aún existían, ni las iglesias de Alemania, hicieron nada más que tomar conocimiento de esta gran deportación (1). Una historia que no todos los docentes conocen. Una historia que, como los traumas de la guerra española, se transmite de generación en generación. Se puede ampliar la información en los paneles de la exposición sobre Historia y cultura del pueblo gitano, elaborada por el Colectivo de Docentes con Gitanos (2).
Esta historia explica la situación actual. Estereotipos y prejuicios construidos a lo largo de los seis siglos han provocado la marginación o exclusión de gitanos y gitanas de la sociedad mayoritaria. Los hemos obligado a vivir en los márgenes, a trabajar en trabajos poco valorados, a vivir en viviendas en pésimas condiciones, a dejar de ser nómadas; han tenido que cambiar costumbres, han perdido casi su lengua propia y cuando se reguló la enseñanza para todos, también quedaron al margen.
¿Escolarizados?
Todo lo que ha soportado la población gitana ha marcado y marca la situación escolar de este pueblo. Como otras minorías, ha tenido que pasar por los cuatro estadios en su convivencia con la mayoría paya. Ha sido excluida durante años, después ha sido segregada cuando se crearon aulas o escuelas específicas para ella y, finalmente, se ha intentado que se integrara al sistema de enseñanza mayoritario. Pero debemos seguir luchando a todos los niveles para lograr que esté incluida, que las escuelas sean inclusivas y que la enseñanza se adapte a todos los niños y adolescentes. Que podamos decir con total evidencia “en mi escuela solo hay niños y niñas”.
Porque a finales del siglo XX (3), el resurgir de las tendencias racistas y clasistas de la sociedad, la baja natalidad en general, el aumento indiscriminado de plazas escolares en los centros concertados, la llegada de familias desde países pobres y la crisis económica han hecho que nos encontremos con centros escolares donde solo se matriculan alumnos gitanos y extranjeros pobres. Nos encontramos ante un reto difícil. La opinión pública parece estar de acuerdo. Las administraciones intervienen poco para cambiar las tendencias. Después de haber superado la segregación que representaron las aulas puente, ahora encontramos centros gueto que la reproducen. Si los guetos se mantienen, ¿quién sale más perjudicado? ¿Cómo favoreceremos, a largo plazo, la relación intercultural entre todos los miembros de la sociedad?
Los aprendizajes representan un pequeño o gran ascensor social. Quien ha estudiado, aunque no pueda vivir de lo que ha aprendido, tiene más posibilidades de trabajar en trabajos más agradables y menos marginales.
Después de seiscientos años, debemos seguir recordando que las diferencias no deben convertirse en desigualdades. Para lograr caminar hacia la igualdad de oportunidades es importante conocer el entorno sociocultural de todo el alumnado. Y promover relaciones en plano de igualdad. La escuela es un espacio donde aún se puede tratar a todos en igualdad y equidad; donde se puede evitar, en parte, que las diferencias se conviertan en desigualdades. Es necesario conocer cómo son para poder acogerlos como les conviene y necesitan. Una buena acogida provocará un retorno, una retroalimentación, que mejorará la relación y nos beneficiará a profesorado y alumnado. Les conviene a ellos y nos conviene a los docentes. La acogida implica una buena acción tutorial, la relación en plano de igualdad con las familias –padres y docentes queremos lo mejor para los niños–, la coordinación con las entidades del entorno cercano al centro escolar y con las instituciones del pueblo gitano.
Los alumnos gitanos pueden alcanzar los mismos resultados que el resto de compañeros de la clase. Debemos reconocer los derechos antes de exigir los deberes: es una norma adecuada a una buena convivencia entre todos, que respetará las diferencias existentes. ¿La escuela puede compensar las desigualdades? Es una utopía necesaria. Quizá no lo logremos del todo, pero caminaremos hacia un objetivo beneficioso; haremos actuaciones que lo favorecerán, que no aumentarán las desigualdades, como sí que lo hacen otros aspectos de la sociedad actual: trabajo, salarios, acceso a la vivienda… Los aprendizajes representan un pequeño o gran ascensor social. Quien ha estudiado, aunque no pueda vivir de lo que ha aprendido, tiene más posibilidades de trabajar en trabajos más agradables y menos marginales.
Todo esto sin olvidar que es necesario cambiar para mejorar las situaciones socioeconómicas que sufren la mayoría de las familias gitanas. Sin vivienda y trabajos dignos es muy difícil aprender. Como decíamos, es necesario tener en cuenta cómo viven nuestros alumnos gitanos para adaptar y mejorar nuestra actuación. Es necesario vigilar el llamado currículum oculto y nuestros prejuicios y estereotipos que buena parte del profesorado ha interiorizado desde la infancia, inmerso en la historia que hemos comentado.
Hoy no hay excusa, la historia y la cultura del pueblo gitano están contempladas dentro del currículum prescriptivo. Hay que tratarlas en las aulas de los centros escolares. Ni el miedo, el desinterés o los pensamientos racistas deben evitar su enseñanza. Debemos aprovechar el año del pueblo gitano para difundir e insistir en lo que hay que hacer y que no se hace del todo.
Nuestra tarea implica hacer presente en las aulas su historia y cultura milenarias, en las actividades de aprendizaje de cualquier materia o proyecto debemos hacer notar su presencia, que el pueblo gitano no quede invisibilizado en los centros escolares, tal como lamentablemente ocurre en muchas instancias, institucionales o no, de nuestro país y de los países europeos.
¡Que en un próximo aniversario la utopía de la igualdad sea una realidad!
2 https://www.aecgit.org/exposicion/historia-y-cultura-del-pueblo-gitano.html
3 https://diarieducacio.cat/las-familias-gitanas-en-la-escuela-paya/
4 Agradezco a Jesús Salinas, compañero de Docentes con Gitanos sus aportaciones.


