No sabía que aquí encontraría otra violencia. No era la de las armas, sino la de la vivienda: noches en la calle, habitaciones sin acceso a baño, estafas, alquileres que cambiaban cada mes. Durante años se dedicó a cuidar a otros en una ciudad que pocas veces la cuidó a ella.
Nos encontramos en un bar, esquinando al metro Pubilla Casas. Luego de nuestro café, Lu se dirigirá a Pomezia, donde reparte comida a vecinas y organiza el ropero solidario. Me cuenta que es allí donde encontró ambos, un hogar y una casa.
Pomezia es un espacio habitado por LaFundició cooperativa que aloja allí un laboratorio social y cultural a través de diversos proyectos: la botiga agroecológica Keras Buti, la comisión vecinal de La Florida, entre otros. En ese lugar, Lu halló lo básico cuando vivió lo peor de la crisis de la vivienda —un baño, un sitio donde lavar la ropa—, pero también algo más difícil de encontrar: una comunidad.
Ese mismo espacio también acoge las reuniones y actividades de la cooperativa de vivienda dispersa Les Juntes. En unos meses, luego de años de lucha, Lu accederá allí a su primer hogar estable, que compartirá con otras dos mujeres. En torno a este proceso de cooperativismo y organización ciudadana, no solo se construyen alternativas habitacionales estables para personas excluidas del mercado, sino que también se forjan agentes políticos que participan en la vida pública del barrio. Lu colabora en el ropero solidario y en la distribución de alimentos, sosteniendo, en sus palabras, la red que la sostuvo.
La cooperativa de Les Juntes nace en La Florida, el barrio más denso de Europa y, al mismo tiempo, uno de los más estigmatizados del área metropolitana de Barcelona. Pero este territorio, históricamente señalado como “peligroso” o “ingobernable”, hoy encarna algo distinto: la posibilidad de disputar el derecho a habitar, a quedarse. La cooperativa surge de una apuesta sencilla y radical: colectivizar la vivienda y las decisiones sobre el territorio, garantizar que las vecinas se queden en sus casas y mostrar el camino a como las instituciones públicas podrían y deberían hacerlo, porque hoy el derecho a la vivienda, no está garantizado.
Les Juntes accede a las viviendas mediante la herramienta de tanteo y retracto, que permite al Estado o a entidades sociales comprar una vivienda antes de que salga al mercado inmobiliario o después de un desahucio, a precios reducidos. A través de donaciones, cuotas de socios, préstamos solidarios y títulos participativos, la cooperativa consiguió sus primeras cinco viviendas el último año y trabaja para ampliar este número. No se trata solo de adquirir inmuebles: se trata de sustraer viviendas de la lógica de la especulación y convertirlas en bienes comunes bajo gestión comunitaria.
El modelo que propone Les Juntes se dirige a quienes más sufren los efectos del mercado y la especulación. Tal como lo demuestran las investigaciones del Observatorio Desc y PAH BCN (2023) como de IDRA (2024) son las familias, las madres solas con hijos, las personas migrantes racializadas y la clase trabajadora quienes hoy viven en condiciones habitacionales más precarias. Aunque pagan de promedio alquileres más altos, enfrentan mayores obstáculos para acceder a una vivienda y son quienes más desahucios padecen. A diferencia de los modelos cooperativos tradicionales o de la vivienda protegida, aquí no se exige inversión inicial, papeles ni salarios mínimos: solo ser vecina del barrio y participar activamente en la vida colectiva. Es una forma de resistencia contra el desplazamiento y de arraigo frente a la expulsión sistemática.
Joan Subirats, catedrático y político español, explicaba en un artículo en El País que el sistema público debe dar respuesta a las necesidades sociales, pero hay que enriquecerlo con iniciativas de la sociedad civil. Mientras señala cómo la derecha ha sabido instrumentalizar la crítica al sistema público, sostiene que desde la izquierda también debemos tomarnos en serio la necesidad de cuestionarlo: no se trata de defender ciegamente un Estado del bienestar que no siempre funciona, sino de entender que sus respuestas deben complementarse con iniciativas sociales. Los barrios, las familias —sobre todo madres y abuelas— y las organizaciones populares sostienen buena parte del trabajo de los cuidados y de la reproducción social, muchas veces en condiciones de precariedad e invisibilidad. Ahí reside la verdadera complementariedad: las iniciativas ciudadanas no solo cubren vacíos institucionales, sino que los interpelan, produciendo ciudadanía, democracia y autogestión.
Les Juntes trabaja con poblaciones especialmente afectadas por los desahucios y la discriminación inmobiliaria, en su mayoría familias migrantes de La Florida. Su experiencia muestra que el acceso a la vivienda a través del tanteo y retracto podría tener un impacto mucho mayor si contara con un marco estable de colaboración público-comunitaria. No se trata de delegar la función del Estado, sino de construir formas de cogestión del territorio capaces de prevenir desahucios, reducir el gasto público y fortalecer las redes vecinales que sostienen la vida cotidiana. Visibilizar y fortalecer el trabajo los trabajos de cuidados desde y para los territorios más afectados.
En un contexto de especulación y financiarización de la vivienda, los proyectos vecinales de las periferias demuestran que las soluciones para garantizar el derecho a habitar no solo pueden venir de arriba. Frente a la creciente individualización, hay que reforzar los espacios de organización colectiva desde los barrios, encarnando y fomentando políticas del habitar que desmercantilizan, redistribuyen y politizan el espacio urbano. Estos espacios no solo garantizan techo a quienes han sido sistemáticamente excluidas del mercado y de las políticas públicas, sino que también producen comunidad, redes de apoyo y nuevas formas de ciudadanía.
Es en ese tejido donde historias como la de Lu se transforman: de la situación de vulnerabilidad a la acción, del desalojo al arraigo. Más que un modelo replicable, Les Juntes es una práctica viva que demuestra que la ciudadanía continúa activa e interpeleando en los vacíos institucionales. Que el derecho a la vivienda no se mendiga ni se delega: se conquista y se cuida colectivamente.


