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    Infancia

    Educar en tiempos digitales no es apagar los móviles, sino encender el pensamiento

    gherreracalonsogherreraBy gherreracalonso and gherreradesembre 2, 2025No hi ha comentaris9 Mins Read
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    Desde hace más de tres décadas, el discurso de la Administración educativa en España ha promovido la integración de tecnologías digitales en los procesos de enseñanza y aprendizaje, bajo la promesa de modernizar los centros y garantizar la digitalización del sistema educativo. En este marco, los centros escolares han ido incorporando ordenadores de sobremesa, pizarras digitales interactivas, plataformas digitales y otros dispositivos móviles en nombre de la innovación pedagógica. Este discurso institucional ha insistido en la necesidad de desarrollar la competencia digital del alumnado, favorecer el aprendizaje ubicuo y preparar a las nuevas generaciones para desenvolverse como ciudadanos digitales.

    La regulación del uso de teléfonos móviles en los centros educativos no se establece de forma aislada. En enero de 2024, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes y el Consejo Escolar del Estado acordaron con las comunidades autónomas un marco común que proponía el “uso cero” de dispositivos móviles en educación infantil y primaria, y un uso estrictamente pedagógico y regulado en educación secundaria (Consejo Escolar del Estado & Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, 2024). Asimismo, el Consejo Escolar del Estado, tras reunirse con representantes de todas las comunidades autónomas, recomendó por unanimidad prohibir el uso de teléfonos móviles en aulas, recreos y comedores. Actualmente (PantallasAmigas, 2024), nueve comunidades autónomas han adoptado esta prohibición (Galicia, Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Murcia, Andalucía, Extremadura, Comunidad de Madrid y Castilla-la Mancha). En otras cinco comunidades (Cantabria, Castilla y León, Canarias, Aragón y Ceuta y Melilla) se ha optado por un uso limitado, mientras que en otras cuatro (La Rioja, Navarra, País Vasco y Asturias) son los centros educativos quienes regulan el uso de los teléfonos móviles. En este contexto de diversidad autonómica, Cataluña constituye un ejemplo paradigmático de la “ley del péndulo”, aplicando políticas públicas que han oscilado de la promoción a la prohibición del uso del móvil. Tal como señalan Freitas Cortina, et al. (2025), esta fue la única comunidad autónoma que desarrolló políticas explícitas para fomentar el uso educativo del móvil en las aulas, mediante programas como mSchools (2013-2018) y mòbils.edu (2019-2021). Estas iniciativas se orientaban a integrar los dispositivos móviles en prácticas pedagógicas innovadoras y estaban alineadas con marcos internacionales como la Estrategia Europa 2020. No obstante, el Plan de Educación Digital de Cataluña 2020-2023, puso fin a estas iniciativas al no incluir menciones específicas al uso de teléfonos móviles en el aula (Freitas Cortina et al., 2025). Posteriormente, Cataluña se alineó con la recomendación estatal hacia restricciones más severas, lo que evidencia con claridad la transición desde la promoción hacia la prohibición: una reacción que confirma la lógica pendular entre digitalización y control.

    En apariencia, todo parece claro: menos pantallas, más atención y, por tanto, mayor rendimiento. Pero bajo esa superficie normativa emerge una pregunta mucho más profunda: ¿qué educación se está promoviendo cuando la respuesta institucional ante lo digital es prohibir en lugar de formar?

    Area (2024) denomina “contrarreforma digital” a este movimiento de retorno a modelos educativos sin tecnología, haciendo referencia a una reacción nostálgica y protectora frente a décadas de entusiasmo tecnopedagógico. Ante la saturación de estímulos, la dispersión, la ansiedad o la exposición en redes que forman parte del día a día del alumnado, ciertos sectores educativos buscan refugio en centros educativos sin pantallas, adoptando lo que Bauman (2017) describe como una mirada retrópica: la esperanza de resolver los problemas del presente recuperando un pasado idealizado. Sin embargo, el problema no es el móvil en sí, sino la ausencia de reflexión pedagógica sobre su sentido educativo. El riesgo, por tanto, no reside solo en limitar dispositivos, sino en convertir la protección en un sustituto de la educación, renunciando a pensar críticamente cómo y para qué integrar lo digital en la enseñanza.

    Prohibir el uso del móvil en el aula implica, en cierta medida, concebir la educación como un manual de recetas. Un manual que, al amparo de ciertos discursos neurodidácticos, pretende ofrecer fórmulas universales para garantizar la atención del alumnado, como si enseñar y aprender pudieran reducirse a técnicas aplicables de manera automática y uniforme, o el management educativo cuando reduce la enseñanza a resultados medibles. En ambos casos, se impone la ilusión de control: apagar, ordenar, medir, prohibir… Pero educar nunca fue seguir instrucciones. Educar es sostener preguntas, escuchar lo que no encaja, abrir espacios donde algo nuevo pueda emerger.

    La formación inicial docente se sitúa hoy en el centro de ese dilema ¿Cómo preparar a futuros profesionales de la educación que tendrán que enseñar en aulas sin móviles, pero en una sociedad que se organiza a través de ellos? La respuesta no puede ser administrativa ni burocrática: pasa por una didáctica crítica que devuelva al profesorado la capacidad de decidir. Educar en tiempos digitales exige entender la tecnología como mediación cultural y no como fin en sí misma. Las universidades deberían ofrecer espacios formativos donde no solo los futuros maestros y profesores de secundaria, sino también los pedagogos y los educadores sociales, experimenten prácticas docentes con y sin pantallas. En estos espacios, sería fundamental analizar cómo se transforma la atención, el vínculo interpersonal y la palabra, y aprender a pensar críticamente qué significa educar en una cultura saturada de dispositivos digitales.

    En este escenario, el neoliberalismo puede imaginarse como el cuerpo de una medusa que flota sobre la educación contemporánea, cuyo poder reside en sus tentáculos, que se extienden silenciosamente por las aulas: la inteligencia artificial, la neurodidáctica y también el móvil convertido en fetiche tecnológico. Cada tentáculo promete innovación, seguridad o libertad, pero al mismo tiempo introduce dinámicas de vigilancia y dependencia. Pero su movimiento no es universal ni irreversible: entre sus filamentos, los centros educativos resisten, improvisan, inventan modos de usar los móviles que escapan al control o le devuelven un sentido educativo.

    El debate sobre los móviles es, en el fondo, parte de la lucha cotidiana entre control y posibilidad. Bajo la promesa de proteger o transformar, los centros educativos oscilan entre la prohibición disciplinaria y la dependencia tecnológica, pero también buscan grietas para mantener su autonomía. No todo está dicho: cada aula reescribe la relación con los dispositivos a su manera, entre límites, resistencias y pequeñas emancipaciones que sostienen la idea de que educar sigue siendo, ante todo, un acto de libertad.

    Una ambigüedad que también arroja la investigación. Después de cuatro años de investigación en el marco del proyecto US’MOV (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación – PID2019-108041RB-I00), el libro Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas: Discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación (Alonso Cano & Herrera Urízar, 2025) ofrece una mirada empírica sobre esta tensión. A partir de once estudios de caso en centros de secundaria de diferentes comunidades autónomas del estado español, las evidencias fruto del trabajo de campo realizado ponen de manifiesto que la realidad es más heterogénea de la que recogen las normativas. En algunos centros, el móvil se integra como herramienta de aprendizaje; en otros, se prohíbe totalmente; y muchos viven en una zona equidistante de indeterminación, donde las decisiones dependen de la sensibilidad y el criterio de cada docente. En todos los casos, el móvil se convierte en un espejo que refleja algunos de los dilemas más profundos de los centros educativos: el equilibrio entre control y autonomía, entre dependencia y libertad, entre regulación y confianza.

    El libro concluye que las políticas de prohibición no surgen solo de preocupaciones pedagógicas, sino también de racionalidades institucionales y culturales. Y, sobre todo, advierte que la educación digital no se resuelve con decretos, sino con acompañamiento docente. La política puede fijar límites, pero el sentido educativo de esos límites solo puede construirse en el aula, en la relación viva entre quien enseña y quien aprende.

    Quienes defienden la prohibición subrayan los beneficios del silencio, la atención, el rendimiento y la desconexión. Y no les falta razón: la sobreexposición digital agota, distrae, vulnera. Pero como profesionales de la educación hemos de ir más allá de la prohibición, porque cuando prohibimos, abandonamos, cuando prohibimos tiramos la toalla, cuando prohibimos, dejamos de educar. Educar para desconectar no es lo mismo que desconectar por decreto. Cuando los centros educativos retiran los dispositivos sin mediar reflexión, pierden la oportunidad de trabajar la autonomía y la responsabilidad. En cambio, cuando el profesorado trabaja con el alumnado sobre cuándo, cómo y por qué usar un móvil, el aprendizaje trasciende la herramienta y se convierte en una práctica ética, una forma de pensar lo tecnológico desde lo humano.

    La Agencia Española de Protección de Datos (2024a, 2024b) recuerda que cualquier decisión sobre el uso de tecnologías digitales debe justificarse desde la finalidad educativa y la proporcionalidad. En otras palabras: la norma debe servir al aprendizaje, no sustituirlo. Y esa distinción, aparentemente obvia, define el lugar donde la educación se juega su sentido más profundo.

    Porque educar nunca ha consistido en prohibir objetos, sino en acompañar procesos. Los móviles, como los libros o las pizarras, son apenas un medio. Lo decisivo es el modo en que los incorporamos a la experiencia de aprender. Tal vez, como advierte Area (2024), la contrarreforma digital sea también una oportunidad: un recordatorio de que después de años de tecnologías sin pedagogía, ha llegado el momento de volver a pensar qué significa educar.

    Y quizá esta vuelta atrás empiece reconociendo algo elemental: que los centros educativos no pueden enseñar a vivir en un mundo digital si deciden vivir de espaldas a él. Porque, en última instancia, educar en tiempos digitales no consiste en apagar el móvil, sino en encender el pensamiento.

    Referencias

    Agencia Española de Protección de Datos. (2024a). Responsabilidades y obligaciones en la utilización de dispositivos digitales móviles en la enseñanza infantil, primaria y secundaria [Guía]. https://www.aepd.es/guias/responsabilidades-uso-dispositivos-moviles-centros-docentes.pdf

    Agencia Española de Protección de Datos. (2024b). La AEPD elabora unas orientaciones sobre las obligaciones y responsabilidades por el uso de dispositivos móviles en los centros educativos [Nota de prensa]. https://www.aepd.es/prensa-y-comunicacion/notas-de-prensa/la-aepd-elabora-orientaciones-sobre-obligaciones-uso-moviles-centros-educativos

    Alonso Cano, C., & Herrera Urízar, G. (coords.) (2025). Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas: Discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación. Octaedro. https://octaedro.com/libro/jovenes-y-telefonos-moviles-en-las-aulas/

    Area Moreira, M. (2024). Nostalgias, miedos y prohibiciones: La contrarreforma digital de la educación. En M. Kap (Comp.), Didáctica y tecnología: Encrucijadas, debates y desafíos (pp. 38–65). EUDEM.

    Bauman, Z. (2017). Retrotopía. Paidós.

    Consejo Escolar del Estado. & Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. (2024). Recomendación sobre el uso de dispositivos móviles en los centros educativos. La Moncloa. https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/educacion-fp-deportes/paginas/2024/310124-alegria-ministerio-ccaa-moviles.aspx

    Freitas Cortina, A., Alonso Cano, C., Sánchez Antolín, P., & Bosco Paniagua, A. (2025). Políticas autonómicas sobre el uso del móvil en la educación secundaria: de la promoción a la restricción. En C. Alonso Cano & G. Herrera Urízar (coords.), Jóvenes y teléfonos móviles en las aulas. Discursos y dinámicas de prohibición, promoción e indeterminación (pp. 25–33). Octaedro.

    PantallasAmigas. (2024). Regulación del uso del móvil en el entorno escolar en las comunidades autónomas. Recuperado de https://www.pantallasamigas.net/regulacion-uso-movil-entorno-escolar-comunidades-autonomas/

    Adicción a las pantallas Móviles móviles en las escuelas móviles y adolescencia móviles y escuelas pantallas
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