El calamitoso servicio de Rodalies requiere establecer prioridades para los próximos años. Aquí van tres. Una: blindar la infraestructura frente al cambio climático y realizar una inversión masiva en seguridad de superestructura, señalización y alimentación eléctrica para tener fiabilidad. Dos: concentrar las competencias y centros de control de Renfe y Adif en la nueva Rodalies de Catalunya y doblar la plantilla actual para alcanzar el mismo ratio de personal por kilómetro-tren que tiene FGC. Y tres: detener los soterramientos, ejecutar el cuarto túnel de Barcelona, construir el del Turó de Montcada e implantar redes de tren-tram en lugares clave de Cataluña.
Rodalies
Las clases populares pagan el precio de una ciudad diseñada para otros. Rodalies no es solo un sistema ferroviario colapsado: es el reflejo cotidiano de una desigualdad estructural que se expresa en horarios imposibles, andenes llenos y trenes que nunca llegan a tiempo. Una desigualdad que, como tantas otras, se vive cada mañana sin necesidad de leer las noticias.
Con el grito «prou! Única via: independència!», el ANC y el Consell de la República reunía en torno a 10.000 personas (segundos diversos medios) por la mañana del sábado 7 de febrero, mientras que bajo el lema «Sin trenes no hay futuro», las 22 entidades de usuarias, sindicatos y sociales congregaban una cifra similar en la convocatoria de la tarde. Pese a la convocatoria por separado, los diagnósticos coinciden en los problemas de la infrafinanciación y el menosprecio de los servicios a la ciudadanía, no solo de movilidad, también sanidad, educación y vivienda.
La crisis de Rodalies evidencia la falta de inversión, mantenimiento y gobernanza del ferrocarril en Catalunya y su impacto social diario.
Una persona murió el martes por la noche y otras 37 resultaron heridas, cinco de ellas de gravedad, al descarrilar…

