«Cuando miras una obra de arte tienes que intentar no quedarte en si te gusta o no. Sé paciente, obsérvala bien. ¿Qué te dice? ¿Cómo te sientes? Y antes de juzgarla, infórmate, trata de conocer un poco al artista y su recorrido, ver cómo ha llegado hasta ese punto puede ser muy interesante y te ayudará a entender más lo que tienes enfrente», afirma Marta, una estudiante de Bellas Artes, protagonista de la novela gráfica El viaje de Chillida (2024), con guion y dibujo de David Marto, publicado por Norma editorial en castellano y euskera. Es el primer cómic del ilustrador David Marto, y el primero dedicado a la obra de Chillida, un trabajo que se convierte en un instrumento pedagógico ideal para ayudar a responder a algunas de las preguntas que nos propone su protagonista sobre la forma en que debemos de afrontar la mirada de una obra de arte.
La historia comienza con el propósito de Marta de realizar un viaje por todos los monumentos públicos en España del escultor donostiarra Eduardo Chillida (1924-2002), cumpliendo la promesa que había hecho con su abuelo, y que no podrá cumplir al fallecer este pocos meses antes. Los lectores acompañaremos a la joven en su solitario recorrido siendo cómplices de esos instantes contemplativos, de silencio, de observación y de vacío (o de duelo), tan propio de la obra del célebre escultor. La novela gráfica se enmarca en las actividades conmemorativas del centenario del nacimiento de Chillida, y se ha realizado en colaboración entre tres entidades: el museo Chillida Leku, la Fundación Eduardo Chillida y Pilar-Belzunce y Norma Editorial, responsable de la publicación en los dos idiomas indicados, con una cuidada cubierta espectacular, con una textura, color y robustez singular.

La novela gráfica cuenta con el prólogo del dibujante Álvaro Martínez Bueno, en el que destaca, precisamente, ese primer vacío que deja la persona querida al irse, y como de ese amargo silencio no deseado, surge un diálogo con la persona ausente, a través de la experiencia del viaje, de la visión de los diferentes monumentos, recordando los numerosos encuentros que tuvieron abuelo y nieta en la escultura Lugar de Encuentros V (1973), ubicada en la plaza de Alfonso VI en Toledo. La obra es una escultura de hormigón de 16 toneladas de peso y con unas dimensiones de 215x470x400 centímetros, depositada en la capital castellano-manchega junto a otras cinco piezas repartidas por Madrid, Barcelona, Bilbao y Palma de Mallorca. La obra no solo estaba concebida para integrarse en un entorno singular, rodeado de murallas, sino también para que se pudiera interactuar con ella, invitándonos a invadirla, por la facilidad con la que te puedes subir a ella.
Martínez Bueno es en la actualidad uno de los autores destacados de DC, con más de una década dibujando personajes míticos de la editorial estadounidense, tan conocidos como Batman, Aquaman o los integrantes de La Liga de la Justicia. Aunque su reconocimiento internacional vino de una obra de terror, en el que pudo mostrar su talento en todo su esplendor: The Nice House on the Lake (2022-2023), con guion de James Tynion IV, color de Jordie Bellaire y dibujo y tinta de Martínez Bueno, publicado en castellano por ECC Ediciones. La obra ganó los premios Eisner (los más prestigiosos de Estados Unidos y de los más importantes a nivel internacional) a la mejor serie nueva en 2022, al mejor guionista y a la mejor colorista en 2023, y fue nominada en las categorías de mejor serie regular y mejor dibujante/entintador ese mismo año, y, en enero de 2024, ganó el Premio a la mejor serie en el Festival International de la Bande Dessinée de Angoulême, el más prestigioso de Europa.

Martínez Bueno, cántabro de nacimiento y residente en Donostia-San Sebastián desde hace siete años, realizó su particular homenaje a Chillida en dicha obra, un cómic de terror psicológico que acontece en una lujosa mansión donde han sido citados varios personajes que conocieron en el pasado al anfitrión. Sin poder desvelar mucho más del argumento para mantener el misterio, hay que destacar que los jardines de la residencia están decorados con estatuas cuyas formas evocan el estilo de Chillida, en una particular inspiración de un pionero homenaje al escultor en un cómic.
Por su lado, en El viaje de Chillida, Marto lleva a su protagonista a lo largo de varias ciudades de la península. Su primera parada corresponde a la primera obra de hormigón que Chillida hizo en su carrera y que se encuentra, literalmente, suspendida en la Castellana, en Madrid. «A Chillida le gustaba que sus esculturas estuvieran en lugares públicos porque así decía que las obras pertenecían a muchas más personas» se indica en una de las viñetas. Visitará hasta nueve esculturas en total. La novela gráfica no es la biografía del escultor, pero el viaje irá acompañado con píldoras de su vida que nos permitirá conocer su evolución como artista y entender algunas de las decisiones que tomó. Una de las más curiosas, cuando decidió dibujar con la mano izquierda siendo diestro cuando estudiaba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, una decisión que, decía, le obligaba a pensar más lo que estaba haciendo ante la dificultad del trazo por la falta de pericia de esa mano. Dibujar no podía ser tan fácil, decía. Y así estuvo tres años, en consonancia a un carácter perseverante y reflexivo característico de su obra.

El viaje de Marta sigue por Sevilla, en concreto visita el Monumento a la Tolerancia (1992), situado justo delante donde una vez estuvo la sede del Tribunal de la Inquisición. El recorrido continuará por Valladolid, Barcelona, Gijón, Vitoria-Gasteiz, Gernika, Hernani y Donostia-San Sebastián. Al final de cada etapa vemos un supuesto dibujo de la protagonista dibujado a lápiz. Marto, licenciado en Bellas Artes como la protagonista de la novela gráfica, explota al máximo el estilo cartoon con el uso de tres colores (blanco, negro y azul), y aprovechando experiencias personales para adaptarlas a las necesidades de la ficción, como la elección de empezar por Toledo, la ciudad del autor. Y funciona muy bien. La novela gráfica cuenta al final con un dossier explicativo con una breve descripción de la obra pública de Chillida, su biografía y una presentación del espacio Chillida-Leku.
Precisamente, en enero de 2025 llega a las salas de cine el documental Ciento volando (2024), dirigido y guionizado por Arantxa Aguirre, que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, en la sección Zinemira, y que cuenta con la actriz Jone Laspiur como relatora y entrevistadora. En el documental intervienen el arquitecto Joaquín Montero, el artista Fernando Mikelarena, y los escultores Koldobika Jauregi (quien falleció en junio de 2024 y el documental rinde homenaje) y Andrés Nagel. Además, intervienen la directora del Chillida Leku, Mireia Massagué, el director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza, y la artista Elena Cajaraville, entre otros, así como los familiares del propio Chillida, Ignacio Chillida (hijo de Eduardo Chillida) y Mikel Chillida (nieto).

El documental asume el reto de conseguir una inmersión visual en el museo Chillida Leku, conociendo su génesis, la intención original de Chillida y la evolución a lo largo de los años, teniendo en cuenta, como nos explican los protagonistas (como el mismo arquitecto que concibe la restauración), que Chillida entendía que el museo sería el resultado del trabajo de muchos años de rehabilitación y, a la vez, del diseño paisajístico del entorno, un proceso necesitado del paso del tiempo.
Chillida Leku es un gran espacio de jardines y bosques, rodeando a un gran caserío del siglo XV convertido en museo, biblioteca y centro cultural, situado en Hernani, en Guipúzcoa, que se inauguró por primera vez el 16 de septiembre de 2000 tras más de diez años de preparación del espacio, después de que Eduardo Chillida y su mujer Pilar Belzunce (1925-2015) buscasen durante años una instalación que facilitara la oxidación de las esculturas previa a su posterior exhibición. Las once hectáreas de terreno y el caserío se configuraron como el lugar ideal para diseñar un museo único concebido para contener el legado de Chillida para la eternidad, literalmente, donde el diálogo de las esculturas con la naturaleza del entorno es primordial, integrándose de forma armónica.

En el documental, el arquitecto de la restauración explica como fue en 1986 cuando empezaron las obras, asegurando la estructura, quitando las piezas inestables para poder entrar en el caserío, resolviendo todo tipo de problemas que iban surgiendo, realizando acciones poco a poco a lo largo de los años. Se necesitarían tres lustros para abrir la instalación, todavía en vida del artista. El museo estuvo cerrado entre 2010 y 2019, viviendo ahora un nuevo resurgir con motivo de las celebraciones del centenario, donde se han programado diversas exposiciones, conferencias y publicaciones, incluida la primera novela gráfica citada.
Marto también decide que su protagonista acabe su particular viaje en el museo Chillida Leku, perpetuando el concepto que explotaba Chillida, la de concebir lugares de encuentro, en un entorno que invita a la reflexión y la contemplación, por lo que el cómic se convierte en un instrumento de divulgación ideal, que seguro que hubiera entusiasmado a Chillida, persona inquieta intelectualmente, algo que en el documental de Aguirre se puede apreciar cuando nos muestra una parte de la biblioteca personal, de las lecturas que tanto le influenciaron. Entre ellas, un autor y un título muy oportuno y sugerente: Andando y pensando. Notas de un transeúnte 1929 (1959), de Azorín (José Martínez Ruiz, 1873-1967), una recopilación de artículos sobre diferentes aspectos de la sociedad de finales de la década de los años veinte, con una visión extraordinariamente moderna y anticipativa.

En cierta manera, los libros también son lugares de encuentro, con la capacidad de compartir esos lugares gracias a la lectura a pesar de las distancias. El documental nos muestra la parte más íntima del artista, de la inseparable relación con su mujer a la que prometió no separarse nunca más después de los primeros viajes. «Yo soy yo cuando estoy contigo», afirmaba. Chillida siempre decía que era «como un árbol, con las raíces en la tierra y las ramas abiertas al mundo», eso sí, como un árbol perfeccionista, ya que en una de las cartas enviadas a su mujer le reconocía que había encontrado un error en uno de sus montajes ya acabados y que había decidido volver a trabajar en él a pesar de que se estaba jugando la exposición, por el poco tiempo disponible para arreglarlo. Y su razonamiento era incuestionable: «Más vale ciento volando, que pájaro en mano». Esto sí que es una verdadera lección de filosofía.



