El 12 de abril de 1955, el Dr. Jonas Salk (1914-1995) presentaba por primera vez a la sociedad el trabajo de varios años de investigación: la vacuna contra la poliomielitis, un hito de la ciencia en la historia de la humanidad. La poliomielitis es una enfermedad infecciosa aguda producida por un virus que se transmite de persona a persona por vía fecal-oral o a través de agua o alimentos contaminados. Puede cursar una infección asintomática, un cuadro febril, una meningitis y una parálisis, que es la forma más conocida, especialmente afectando a niños menores de cinco años. No tiene cura, pero desde entonces se puede prevenir con una vacuna que proporciona inmunidad durante toda la vida.
Las secuelas para los niños que conseguían sobrevivir a la enfermedad eran terribles, muchas de ellas provocadas también por el largo tiempo de inmovilidad total que aconsejaban las primera terapias realizadas, sin olvidar lo que se conoce como «el síndrome postpolio», síntomas terribles que aparecen al cabo de los años y que son consecuencia de los efectos secundarios que quedan en un organismo muy castigado en la niñez por el virus, de hecho fue llamada durante siglos como «la debilidad de las extremidades inferiores». Probablemente, el personaje más conocido de la historia que haya sufrido la popularmente conocida como polio sea el presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, que falleció el 12 de abril de 1945 en el balneario donde pasó una gran parte de los últimos años de su vida, intentando recuperar su maltrecha salud. Murió siendo presidente, en un cargo que ostentaba desde 1932, dirigiendo al país desde su inconfundible silla de ruedas. En homenaje a Roosevelt, la fecha elegida para la presentación de la vacuna de Salk estaba cargada de simbolismo: el 12 de abril.

La referencia más antigua conocida de la enfermedad se encuentra en grabados en el Antiguo Egipto, en concreto del faraón Ramsés II que reinó entre el 1194 y el 1188 a. C., hace alrededor de 3200 años. En los grabados se aprecia perfectamente la deformación de las extremidades, característico de los efectos de la polio en los niños: parálisis y atrofia de la musculatura. De todos los afectados por el virus de la polio, curiosamente, destaca un personaje de ficción: Steve Rogers, más conocido como el Capitán América en el universo de Marvel. El número uno del primer cómic del Capitán América llevaba en portada la fecha de marzo de 1941, aunque en realidad llegó a las librerías en diciembre de 1940, una estratagema habitual en publicaciones periódicas de indicar una fecha posterior de tres meses en previsión del tiempo que tardaría en desplegar la edición por todo el país en aquella época, evitando la percepción de que llegase a las librerías algo ya antiguo, de hecho, provocaba la sensación contraria, la de anticiparse en el tiempo. Pero la fecha es importante, anterior a la entrada en la Segunda Guerra Mundial de los Estados Unidos.
Creado por el guionista Joe Simon (1913-2011) y el dibujante Jack Kirby (1917-1994), el Capitán América debutaba en una colección propia con una portada mítica donde aparecía dando un puñetazo al mismísimo Hitler. Las aventuras originales, que actualmente podemos leer en la Biblioteca Capitán América publicada por Panini Cómics, editora de Marvel en España, mostraba las vicisitudes durante la Segunda Guerra Mundial de un supersoldado producto de un experimento en el que la fórmula del suero resultante se pierde cuando espías alemanes infiltrados asesinan al científico responsable del secreto proyecto. Esta desaparición convertía al nuevo supersoldado, aparentemente, en el único hombre dotado de un físico portentoso, con una fuerza, agilidad y resistencia portentosa, con una gran capacidad de resistencia y recuperación. Aunque no se distinguió precisamente por eso, o no solo por eso, sino por su integridad, su perseverancia y su compromiso con el bien, con una capacidad de liderazgo manifiesta a lo largo de numerosas circunstancias.

Rogers fue escogido por ser una persona frágil y enclenque desde la infancia, al que se le había prohibido poco antes alistarse, lo que era su deseo patriótico más firme en un momento en que el país realizaba un llamamiento a filas. Debido a su insistencia, finalmente fue propuesto como voluntario para el experimento citado, lo que le convertiría en un superhéroe, curándole todos los daños que la polio le había causado desde su niñez. La polio fue descrita por primera vez en 1840 y se sabe que se propagó de forma alarmante a principios del siglo XX. Rogers nació en la ficción el 4 de julio de 1918 (de nuevo, una fecha significativa, en todos los sentidos), viviendo en su niñez, probablemente, dos terribles epidemias: la de la polio de 1916 (que se encarnizó especialmente en Nueva York) y la de la gripe española de 1918, convertida en pandemia. La polio le había dejado un cuerpo limitado y enfermizo, hasta que se tomó el supersuero y todo cambió: ahora no solo tenía fuerza física sino también inmunidad ante todo tipo de patógenos.
El cómic se convirtió en una gran éxito de ventas, no solo por el número de lectores, sino especialmente por lo que representaba, con una estética claramente inspirada en la bandera de Estados Unidos y unas historias heroicas y contundentes (y concisas, por tratarse de dibujos y viñetas) que favorecía su lectura por los soldados desplazados en zonas de conflicto, realzando el fervor patriótico. Cuando las autoridades empezaron a distribuir la vacuna de Salk a mediados de los años cincuenta, no dudaron en utilizar la imagen de su héroe más próximo a la polio para animar a los infantes y a las familias a que se vacunasen, siguiendo las indicaciones y consejos del mismísimo Capitán América, convertido en todo un icono para los virólogos desde entonces.

Cuando a principios de los años sesenta Marvel comienza el desarrollo de su universo de superhéroes, en el primer número de los míticos Los Vengadores (véase la Biblioteca Marvel. Los Vengadores), el guionista Stan Lee (Stanley Martin Lieber, 1922-2018) y el dibujante Kirby decidieron rescatar el personaje del Capitán América de su ostracismo, provocado por el descenso de las ventas de los cómics bélicos una vez acabada la guerra. La forma que eligieron fue muy ingeniosa: rescataron su cuerpo vivo que había permanecido congelado durante todos esos años. En el Universo Cinematográfico de Marvel también utilizaron el mismo recurso, aunque, en ese caso, pasaron más de siete décadas.
Justo al inicio de la película Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014), cuando el personaje de Steve Rogers (Capitán América, interpretado por Chris Evans) conoce a Sam Wilson (futuro Falcon, interpretado por Anthony Mackie) de forma casual, y están reposando después de correr un buen rato durante el entrenamiento, este último le pregunta: «¡Echarás de menos los viejos tiempos!» (en referencia a que ha estado setenta y cinco años congelado), y Rogers le responde, literalmente: «Bien. Aquí no se está tan mal, y que no haya polio es muy bueno». De nuevo, y casi de forma imperceptible, una alusión a la polio en una de las películas más taquilleras de aquel año.

Sam Wilson fue el primer superhéroe afroamericano en los cómics después de su aparición en el número 117 de la cabecera del Capitán América, con fecha de portada de septiembre de 1969, con guion de Stan Lee y dibujo de Gene Colan (1926-2011), siendo durante años un amigo íntimo de Steve Rogers y compañero de numerosas aventuras (pueden leer un recopilatorio de sus historias clásicas en El Halcón. Ganadores y perdedores). Antes que él, pocos personajes negros habían aparecido, o bien eran secundarios sin poderes o bien eran originarios de África, como el mítico personaje de Black Panther o Pantera Negra en castellano. Wilson utilizaba alas mecánicas para volar además de emplearlas para defenderse o atacar, y su superpoder consistía en la capacidad de poder comunicarse con su águila, una virtud que no tiene su equivalente en el universo cinematográfico, que tiene un perfil más verosímil basado en la tecnología.
Esta intención es una constante en las adaptaciones de los cómics originales de Marvel en lo que se conoce como el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM o, en inglés, MCU, acrónimo de Marvel Cinematic Universe), es decir, la de inspirarse en los guiones y estética original de los cómics, pero adaptándolo a las necesidades del medio audiovisual y del nuevo universo en construcción, actualizando el argumento a los tiempos modernos. Con esta premisa, Sam Wilson, o Falcon en su nombre como superhéroe, aparece en varias películas de la saga y se convierte en un personaje destacado cuando es propuesto por el mismo Capitán América como su sucesor, justo al final de la película Avengers: Endgame (2019), dirigida también por los hermanos Anthony y Joe Russo. Esta película ostenta en la actualidad la segunda posición en el ranking de películas más taquilleras de la historia.

La irrupción de la plataforma de transmisión en continuo Disney+ a finales de 2019, lanzada por la compañía Disney, propietaria también de Marvel en todas sus manifestaciones, impulsó nuevas propuestas audiovisuales en forma de serie, lo que aportaba una singularidad inaudita hasta ese momento: que un universo cinematográfica que llevaba acumulado más de veinte películas interactuase también con series de televisión, lo que permitía un desarrollo más extenso de los personajes elegidos, con una mayor profundidad emocional y carga dramática, sin obviar las dosis de acción. Y Falcon fue de los primeros, una señal ineludible de que era un personaje con mucho que contar. Con una grabación interrumpida por la pandemia de la covid-19 (de nuevo, un virus acechando la producción), en 2021 se estrenaba la serie The Falcon and the Winter Soldier, dirigida por Kari Skogland y creada por Malcolm Spellman, con Anthony Mackie como Falcon y Sebastian Stan como El Soldado de Invierno, después de que los dos hubieran aparecido en varias películas, siendo los dos personajes amigos íntimos del Capitán América, en dos momentos muy diferentes de su vida (antes y después de permanecer congelado durante décadas).
Una vez más, los cómics servían de laboratorio de ideas para las películas, y pocos años después de que en las viñetas el Capitán América cediera su mítico escudo a su amigo Wilson, considerándolo como el mejor preparado para ocupar su lugar, lo hacía de nuevo en el universo cinematográfico. Pero en el primer episodio de la serie televisiva, Falcon rechaza el ofrecimiento alegando que el escudo simboliza algo más que al personaje del Capitán América y cree que él no es merecedor de dicho honor puesto que simboliza además unos valores asociados a la persona, a Steve Rogers, que encarna perfectamente la integridad y la justicia del pueblo estadounidense como nadie. Hay que recordar que el sobrenombre con el que se conoce al Capitán América en los cómics es el de «Centinela de la Libertad».
Aunque Falcon es un miembro de Los Vengadores y es un héroe muy conocido por todos en la ficción gracias a la batalla ganada pocos meses antes contra un ataque extraterrestre, descubre en su propia piel, y nunca mejor dicho, que puede que su cara no sea del todo reconocida fácilmente tras un incidente provocado por ser negro. En el segundo episodio de la serie de televisión, cuando discuten en la calle los dos protagonistas, Falcon y El Soldado de Invierno, un coche de policía para y los separa, preguntándole al actor blanco si la otra persona negra le estaba molestando. Tal cual. Esa escena era una clara alusión, reconocido por el creador de la serie, a lo que estaba viviendo la sociedad estadounidense después del asesinato de Breonna Taylor el 13 de marzo de 2020 y de George Floyd el 25 de mayo de 2020, los dos negros asesinados por la policía y los dos con grabaciones en vídeo que acreditan el abuso por parte de los agentes de la ley. Estas acciones y muchas otras más en las últimas décadas, impulsaron de nuevo manifestaciones del movimiento Black Lives Matter de denuncia, una consigna que surgió en 2013 tras el asesinato por un disparo de bala del adolescente Trayvon Martin, que estaba desarmado.

Los retrasos de la grabación de la serie provocados por el confinamiento (la serie se grabó finalmente en Praga, por lo que fue más prudente pararlo todo y volver cada uno a sus casas), permitió pulir el argumento poniendo en valor los cambios en la sociedad actual hasta el punto de aceptar que el Capitán América y todo lo que simboliza sea encarnado por una persona negra. Y la evolución la muestra la propia serie de televisión, cuando los protagonistas visitan al anciano Isaiah Bradley, interpretado por el actor Carl Lumbly, y descubren atónitos que también fue un supersoldado en los años cincuenta, uno de los supervivientes con éxito de los experimentos realizados por el ejército estadounidense para poder replicar el supersuero que tan buenos resultados había tenido con Steve Rogers. Pero Rogers era rubio y de ojos azules y Bradley era negro, por lo que acabó encarcelado durante treinta años para poder continuar experimentando con él y, sobre todo, para que nadie supiera que podía haber un nuevo Capitán América negro (recordemos que el original estaba desaparecido). Este argumento de la serie se inspira en el cómic de 2004 Capitán América: La Verdad – Rojo, Blanco y Negro, con guion de Robert Morales y dibujo de Kyle Baker.
En la serie de televisió, Bradley recuerda la contradicción que tuvieron que soportar los héroes del famoso escuadrón de combate 332 de la Segunda Guerra Mundial, pilotos de caza afroamericanos conocidos como los Colas Rojas por sus hazañas en las batallas, que al volver a su país tras el final de la contienda tuvieron que sufrir como les quemaban cruces en los jardines de sus propias viviendas entre otras sandeces, algo que ocurrió realmente. Sus gestas quedaron inmortalizadas en la película Red Tails (2012), la última película producida por George Lucas antes de la venta de su compañía a Disney, con todo el simbolismo que representaba por su parte.
Ahora, de nuevo, con Marvel también en manos de Disney, una producción cinematográfica como es Captain America: Brave New World (2025), dirigida por Julius Onah, pondrá a prueba el grado de racismo que todavía subyace en nuestra sociedad, teniendo en cuenta que las anteriores tres películas del personaje se encuentran entre las más taquilleras de la historia, aunque con protagonista rubio y de ojos azules. Los que hemos leído los cómics antes ya tenemos claro desde hace años que Sam Wilson se merece el escudo del Capitán América aunque ni siquiera tenga el supersuero.



