En la 30ª edición del Manga Barcelona, celebrado en varios pabellones del recinto Fira Gran Via entre el 5 y el 8 de diciembre de 2024, asistieron más de 167.000 visitantes y un número récord de invitados nacionales e internacionales, donde destacaba especialmente una mangaka por encima de todos: la mítica Yumiko Igarashi, considerada como una de la grandes impulsoras del shôjo, que significa, literalmente, «chica joven». Es una de las categorías en que se clasifican los mangas, no basándose en el género de la obra en sí, sino segmentando al público al que va dirigido, en este caso, al de lectoras adolescentes.
Era su primera visita a España a pesar de su dilatada carrera, quizás por las pocas traducciones que se ha realizado de su obra, compensado en la última década, primero por Panini Manga en 2018 con títulos como Ana de las tejas verdes (1997), Ana de Avonlea (1998) y Ana, la de la Isla (1998), las tres adaptaciones de las novelas homónimas de Lucy Maud Montgomery (1874-1942), y, recientemente, gracias a las publicaciones del sello Arechi en el último lustro, con títulos tan emblemáticos como La Brujita Mami (1983), Ann es Ann (1985), Los mejores cuentos de hadas (1991), Romeo y Julieta (1995), Josefina, la emperatriz de las rosas (2011-2014), y Georgie (1982-1984), título que publicaba Arechi en castellano coincidiendo con su visita al salón, quizás unas de sus obras más conocidas, con guion de Mann Izawa, narrando las aventuras de la joven Georgie en Australia, cuando descubre que es adoptada y decide huir a Inglaterra en busca de sus raíces.

Aunque, en realidad, la mangaka Yumiko Igarashi, nacida el 26 de agosto de 1950 en Asahikawa (Hokkaido), se hizo extraordinariamente popular como coautora y dibujante de un mítico manga en los setenta: Candy Candy (1975-1979), con guion de Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita. Publicado originalmente por entregas semanales en la revista Nakayoshi de la editorial Kōdansha, fue posteriormente recopilado en nueve tomos una vez acabada la historia. Catapultado por un éxito arrollador, con millones de ventas, se realizó su adaptación al anime (así es como se conoce a las producciones audiovisuales de animación producidas en Japón) en 115 episodios emitidos entre el 1 de octubre de 1976 y el 2 de febrero de 1979.
Esta serie de animación se convirtió en un fenómeno mundial en la década de los ochenta, arrasando especialmente en Francia e Italia. A España llegó con un cierto retraso y una emisión caótica, emitiéndose por TVE (Televisión Española) en castellano en su primera cadena solamente los primeros veintiséis episodios entre 1984 y 1985, y otra tanda de veintiséis entre 1986 y 1987, quedando inconclusa para los aficionados, que sí que pudieron verla en catalán y gallego de forma íntegra a través de TV3 y Televisión de Galicia, respectivamente, aunque con un cierto retraso, entre 1997 y 1998. Coincidiendo con su emisión en TVE, la editorial Bruguera publicó una parte del manga en la revista Lilly (1970-1985) y, posteriormente, editó los únicos tres tomos de los nueve que forman la obra original, quedando, también, inconclusa su publicación en castellano. Y, de momento, desde hace años, no parece que pueda publicarse nada relacionado con el manga o el anime, debido a un enfrentamiento entre las dos autoras.

El detalle del litigio entre las dos autoras y toda la intrahistoria asociada a la génesis y producción de la obra y subproductos se analiza en el libro Candy Candy. Más bonita cuando sonríe. Edición 50 aniversario (2025), de José Antonio Godoy (conocido como Tsukino en su nombre artístico), que en realidad corresponde a una cuarta edición revisada y ampliada publicada por Diábolo Ediciones, un ensayo exhaustivo sobre las autoras, el manga y el anime correspondiente, el análisis de los argumentos, dibujos y personajes, así como todo lo que rodea al universo de Candy Candy, como la música, los juguetes, los libros de arte, o el impacto que tuvo en los diferentes países donde se emitió, incluyendo el elenco de actores de doblaje, tanto en el original japonés como en su versión castellana, catalana y latinoamericana, una versión que, al final, es la que ha servido para que muchos aficionados pudieran verla íntegra en versión castellana.
Godoy reconoce que cuando vio la serie de animación por primera vez tenía tan solo cuatro años pero suficientes para quedar fascinado por la historia de Candy White para siempre. Aunque hay pequeñas diferencias entre el manga original y su adaptación al anime, la esencia es la misma (en el libro se detallan esas diferencias). La historia está protagonizada por una niña huérfana que en el invierno de 1898 es abandonada en las puertas de un orfanato en Michigan (Estados Unidos). Las primeras escenas narran, especialmente, su relación con otra niña, Annie, inseparables las dos hasta que esta es adoptada, manteniendo en el tiempo una intermitente relación epistolar.

Posteriormente (y con una cronología ligeramente diferente entre el manga y el anime), Candy sería adoptada por una rica familia británica, siendo maltratada tanto por sus padres adoptivos como por sus malcriados hermanastros, viviendo todo tipo de vicisitudes. En la adolescencia continuaría sobreponiéndose a todo tipo de penurias y obstáculos, mostrando un ejemplo de resiliencia en un melodrama que sorprendió a los lectores japoneses, que convirtieron la cabecera en un gran primer éxito para un shôjo que, además, carecía de elementos fantásticos, bien al contrario.
La mangaka Yumiko Igarashi, para destacarse como autora en el sector, decidió seguir la estela de éxitos recientes, como la de la serie de animación Heidi (1974-1975), que adaptaba la novela homónima de la escritora suiza Johanna Spyri (1827-1901), protagonizada por una niña de cinco años que acababa viviendo en un lugar tan singular como es una montaña cercana a la ciudad de Fráncfort, en Alemania. La trama se inspiraría también de clásicos de la literatura, donde las mismas autoras reconocen la influencia de obras como Ocho primos (Eight Cousins, 1874), de Louisa May Alcott (1832-1888). Igarashi siempre ha reconocido su admiración por el trabajo de Osamu Tezuka (1928-1989), el considerado Dios del manga, cuyas obras le acompañaron desde la infancia, en parte por la afición de sus padres por este autor, que le influyó notablemente al inicio de su carrera (véase el artículo Osamu Tezuka: el autor que revolucionó el manga y el anime, 2022).

Aunque llevaba ya varios años publicando, para Yumiko Igarashi, a sus veinticuatro años, se presentaba en la revista la historia de Candy Candy como su gran éxito, aunque al cabo de unos pocos números aparecía también en los créditos el nombre de otra autora, Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de la guionista y escritora Keiko Nagita. Las dos continuaron trabajando juntas unos años más en otras obras, después de cerrar la historia de Candy, aunque no llegaron a obtener el éxito abrumador de esa primera colaboración. Pero todo se torció en 1995, cuando el contrato que vinculaba a las autoras con la editorial Kōdansha expiró, que era la entidad que gestionaba los derechos de explotación de la obra original hasta ese año, con una gran oferta de productos comercializados y con el control de los beneficios generados. Hasta ese fatídico instante en que un litigio entre las dos autoras acabó con una enemistad para siempre.
«Es difícil de creer que una obra como Candy Candy, llena de valores positivos, resiliencia y esperanza, haya quedado atrapada en un conflicto legal que parece más propio de una novela que de la realidad. Sin embargo, el éxito internacional de la serie, convertido en un fenómeno cultural, fue también la chispa que encendió una larga y amarga disputa entre sus creadoras», afirma Godoy en su ensayo. El conflicto surgió cuando la dibujante firmó contratos de productos con la imagen de Candy sin el conocimiento ni aprobación de la guionista, puesto que Igarashi afirmaba que, en realidad, la obra era una idea original de ella, y la imagen era producto de su trabajo. La batalla legal se dilucidó en los tribunales y la sentencia fue clara y contundente, creando un precedente importante en el sector. El Tribunal Supremo sentenció que Candy Candy era una obra conjunta, «donde tanto la narrativa como las ilustraciones eran esenciales e inseparables. Según este fallo, ambas autoras compartían los derechos de autor, y ninguna podía comercializar ni reproducir material relacionado con Candy Candy sin el consentimiento de la otra. El fallo también estableció que Nagita podía publicar contenido bajo el título de Candy Candy siempre que no utilizara material gráfico de Igarashi. Por otro lado, Igarashi quedó imposibilitada de publicar o comercializar nada relacionado con Candy Candy sin la aprobación explícita de Nagita», recoge Godoy en su libro. En el fondo de la sentencia, se reconocía que la génesis está en el texto y todo lo demás es un producto derivado, incluido el manga.

La guionista se ha negado de forma sistemática a realizar cualquier tipo de publicación, de actualización o de continuación de las historias de Candy, alegando que, para ella, la historia ya está cerrada desde su finalización en los años setenta. Aun así, después de la sentencia, llegó a publicar dos novelas en las que proponía un final abierto, especialmente sobre la pareja qué elegiría Candy al final entre los pretendientes posibles, una obra que la editorial Arechi publicó por primera vez en castellano en 2021 en un único tomo: Candy Candy. La historia definitiva (2010), de Keiko Nagita. Curiosamente, en Italia, en los años ochenta, decidieron cambiar el final de la serie de animación original japonesa porque no les gustaba cómo acababa, creando un singular final alternativo, alterando la animación con el doblaje, con un nuevo montaje y con nuevos dibujos, un final apócrifo y peculiar para los aficionados y, sobre todo, un tesoro para los coleccionistas.
La mítica frase «eres más bonita cuando sonríes que cuando lloras» que uno de los personajes le dice a Candy en un instante de su vida y que ella recuerda a menudo, ha quedado convertida en una frase asociada a la obra, como un ejemplo de la importancia de tener una actitud positiva ante la adversidad. El manga y el anime muestran evidencias en el comportamiento de la protagonista y personajes secundarios que los expertos podría diagnosticar como asociados a problemas de salud mental, como depresión, traumas físicos y emocionales o amnesia, en una exposición de lo que suponen las relaciones humanas desde la infancia y la adolescencia en la vida de las personas, y de cómo el impacto de las experiencias vividas tiene una influencia fundamental en el crecimiento personal de cada individuo, y en la forja del carácter. En su caso, esas vivencias llevaron a Candy a decidir estudiar para dedicarse a la profesión de enfermería, como si fuera un paradigma para alcanzar, el de poder consagrar su vida a ayudar a las personas que lo necesiten.



