Vivimos en una sociedad muy poco concienciada de la importancia de dormir bien, tanto en el número de horas como en la calidad de estas. En apariencia parece que no hacemos nada mientras dormimos, pero la ciencia se ha encargado de demostrar que esta afirmación es falsa: el sueño es una función fisiológica fundamental para nuestra salud, y dormir poco o mal puede provocar un aumento del riesgo de padecer enfermedades infecciosas, enfermedades endocrinas como la diabetes, más riesgo de obesidad y sobrepeso, e incluso más riesgo de tener determinados tipos de cáncer. Además, una persona que ha dormido bien es más creativa, menos irritable y compulsiva, menos agresiva, tiene más empatía y presenta un mejor funcionamiento cognitivo en campos tan importantes como la memoria, la atención y la concentración.
Esa percepción negativa de la acción de dormir es relativamente moderna. El sábado 14 de noviembre de 1914 se publicaba en la revista estadunidense The Literary Digest (1890-1938) el artículo Edison’s prophecy: a duplex, sleepless, dinnerless world, donde se recopilaban algunas de las especulaciones que realizaba frecuentemente Thomas Alva Edison (1847-1931), en este caso, coincidiendo con el treinta y cinco aniversario de la invención de la lámpara eléctrica. Edison auguraba en un futuro inmediato ciudades con una profusión del uso de la electricidad, especialmente en los medios de transporte, y se congratulaba, además, de que su descubrimiento (la posibilidad de tener luz artificial en el interior y exterior de las viviendas) podía permitir acabar con una lacra para la humanidad: nada más ni nada menos que dormir. «Dormir es algo absurdo, un mal hábito», sentenciaba en el texto, mientras deseaba que, de forma progresiva, se fueran reduciendo las horas dedicadas a dormir, hasta su desaparición definitiva. Una proeza de esa magnitud permitiría a la sociedad recuperar toda esa ineficiencia de tantas horas improductivas… según Edison, claro.

También proponía comer menos para acabar con la pobreza, aunque esa es otra historia (se entiende así el título del artículo). Respecto de su deseo de dormir menos (él mismo explicó en numerosas ocasiones que apenas dormía cuatro horas seguidas con numerosas microsiestas a lo largo del día que se hicieron populares en su época), propuso que el Gobierno de los Estados Unidos promoviese el insomnio en la ciudadanía, empezando por aceptar dormir una hora menos cada noche. Una idea tan descabellada, que incluso nos hace dudar si realmente alguien lo podría tener en cuenta. Lo cierto es que, más de un siglo después, las autoridades sanitarias siguen sin considerar el sueño como un factor fundamental de salud, permitiendo el uso frecuente de mensajes en los medios de comunicación en los que se transmite la idea positiva de dormir poco.
Desde hace años, son célebres los eslóganes de una conocida plataforma audiovisual que para anunciar la retransmisión de partidos de la NBA en directo en la madrugada española (la mayoría en días laborales, por cierto), los eslóganes utilizados son tan impactantes como: «Dormir es de cobardes», o, otro que resulta aún más ofensivo, «Ya dormirás cuando estés muerto». Estos mensaje son similares, en términos de salud, a decir «Fumar es beneficioso para la salud», pero, en este caso, nos pondríamos las manos en la cabeza y las agencias de salud pública actuarían con contundencia. Las causas que justifican esta permisividad seguramente son sistémicas, por lo que cualquier iniciativa para denunciar esta situación es bienvenida. Y una novela gráfica es un buen recurso para ello, puesto que permite mostrar en toda su magnitud sus efectos.

La autora valenciana Ana Penyas publica En vela/En blanc (2025), editado en octubre por el sello Salamandra Graphic del Grupo Editorial Penguin Random House, en versión castellana y catalana, en este caso con traducción de Anna Puente. La novela gráfica está formada por la suma de pequeñas historias corales que funcionan a modo de denuncia de lo que supone el impacto del insomnio en la sociedad, un trastorno del sueño que afecta por igual a diferentes edades y estratos sociales. Los protagonistas son jóvenes que no duermen preparándose para un examen, adultos preocupados por el trabajo que no tienen o, precisamente, por el que tienen, o ancianos empastillados desazonados, casi todos carnaza de los programas nocturnos de televisión, de los videojuegos o de las redes sociales en general.
Es sabido que una persona que no duerme lo suficiente presenta un menor rendimiento laboral y académico. En el caso de infantes y adolescentes el tema adquiere una especial importancia. Sabemos que un adolescente que duerme siete horas tiene la mitad de capacidad de resolver un problema matemático que uno que duerme nueve, que son las que debería dormir, por la pérdida de la capacidad de abstracción. La solución a un suspenso puede ser más horas de sueño y no sólo más horas de estudio, que es lo primero que nos pasa por la cabeza como remedio. La falta de horas de sueño está directamente relacionada con el fracaso escolar, la depresión y ansiedad infantil, los trastornos del comportamiento y el consumo de drogas y estimulantes.

Los dos títulos de la novela gráfica en castellano y catalán, En vela/En blanc, recuerdan a la expresión asociada a una tradición medieval, en la que los aspirantes a ser ordenados caballeros pasaban la noche anterior orando en una capilla, vestidos con una túnica blanca que simbolizaba su compromiso y pureza (de ahí la expresión «en blanco»), velando sus armas durante toda la vigilia, a la luz de las velas (de ahí la expresión «en vela»). Cuando al día siguiente el caballero olvidaba el juramento que tanto había deseado y repetido, probablemente por haber estado despierto toda la noche, se indicaba que «se había quedado en blanco».
Penyas emplea la capacidad pedagógica del cómic para mostrar diferentes situaciones para que a través del comportamiento y la expresión corporal, el lector puede observar el tormento que está soportando el protagonista de ese corto relato, bien porque lleve días sin dormir, bien porque le cueste muchísimo dormirse, bien por el miedo a bajar el rendimiento en su puesto de trabajo, ante la amenaza de una pérdida de productividad que impida aprobar una prueba de rendimiento, ante lo que parece el caso de un empleado de un almacén de Amazon (véase el artículo Periodismo gráfico para retratar a Amazon).
También el hogar se puede convertir en una trampa, por el ruido procedente de la calle o de los vecinos, incluso de tu misma casa, con el frigorífico, grifos que cierran mal, ventiladores, etc. Sonido molesto que altera a las personas que están hipersensibles ante estos estímulos externos, especialmente irritante cuando se consumen sustancias estupefacientes que acaban generando dependencia y que estimulan aguantar aún más la falta de sueño. En las viñetas de la novela gráfica hay una denuncia implícita al abuso de la benzodiazepina y, lo que es peor, de su consumo de forma automedicada, en muchas ocasiones, como en una de las historias dibujadas, en la que las pastillas son recomendadas y suministradas por un amigo de la persona que lleva varios días sin dormir. Su uso debe de ser bajo estricta prescripción y control médico, puesto que aumenta la actividad de un neurotransmisor inhibitorio con el objetivo de calmar la actividad cerebral, ideal para aliviar la ansiedad, el insomnio o el tratamiento de la abstinencia.

En vela/En blanc es también un caleidoscopio de la realidad de la sociedad actual, con trabajos precarios, bien por sueldos bajos, bien por la presión a la que están sometidos, bien por los horarios: en una de las historias, el protagonista apunta que trabajar de mensajero por la noche está mejor pagado. También de la falta de intimidad por la obligación de tener que compartir piso para poder pagar el alquiler, que aún así, se lleva una parte importante del sueldo, con la consiguiente preocupación por la inestabilidad laboral y la falta de expectativas, ante la imposibilidad de ahorrar o de cambiar a algo mejor sin riesgo. También de la impotencia que supone precisamente el criterio económico ante una separación de la pareja con la que convives, o los problemas que ocasiona que la persona con la que convives tenga una nueva pareja, ante la expectativa de buscar nuevos y desconocidos compañeros de piso.
Algo similar lo narra la autora barcelonesa Elva Lombardía, en su novela gráfica Roncas (2025), basada en sus experiencias vitales, y publicada en septiembre por Grafito Editorial. La obra ganó el Premio Josep Sanchís Grau de Cómic de los XLII Premios Literarios Ciutat de València promovidos por el Ajuntament de València, y recoge con humor y un estilo caricaturesco las vivencias de una treintañera en la ciudad de Barcelona, compartiendo piso con amigas, con un contrato a media jornada en un centro de atención telefónica, para poder dedicar el resto de la jornada al deseado trabajo de ilustradora (o de dibujante de cómic, como en este caso), que, evidentemente, no le da para vivir de forma holgada ni para asegurar un ingreso estable.

La novela gráfica gira alrededor no solo de las dificultades cotidianas del día a día, sino la complejidad de las relaciones, en especial cuando empiezan a través de una aplicación de citas, que provoca la asunción de premisas implícitas, como el hecho de no saber si estás en una relación estable o abierta, una inquietud que puede persistir casi de forma constante, incluso aunque acabes conviviendo con esa persona, como ocurre en esta historia. Además, la protagonista tiene una característica que puede molestar a su pareja mientras esta intenta dormir: ronca. Casi todas las personas roncan de vez en cuando, aunque para algunas puede ser un problema crónico, o incluso, convertirse en un trastorno del sueño que se pueda manifestar en alguna enfermedad más o menos grave, como la conocida apnea obstructiva del sueño. En cualquier caso, roncar se convierte en una circunstancia que preocupa enormemente a la persona que lo padece y que puede afectar tanto a la calidad del descanso, como a la relación de pareja.
El consejo es claro: hay que dar al sueño toda la importancia que tiene. Es necesario aumentar nuestra capacidad de gestionar de forma racional nuestro horario a lo largo del día y a lo largo de los diferentes días de la semana, alcanzando unos hábitos saludables. Los horarios de acostarse y levantarse deben ser lo más regulares posible los siete días de la semana. Nuestro cerebro, nuestro reloj biológico, no entiende de laborables y fines de semana. Sólo una sociedad en la que se duerma bien será una sociedad sana. Ana Penyas nos muestra en una de las viñetas una imagen publicitaria, en la que aparece en letras grandes «EN BLANCO IX EDICIÓN», que hace referencia a una iniciativa cultural que se celebra en muchas ciudades, normalmente un sábado por la tarde y noche, que emula el modelo parisino al ser esta la primera ciudad que lo celebró en 2002. En ese día, museos, monumentos y espacios culturales abren sus puertas gratuitamente por la noche con multitud de actividades artísticas, promoviendo, desde la administración que, ese día, alteremos nuestro horario de sueño. Al menos esa marquesina nos invita a la cultura y no nos increpa insultándonos, llamándonos directamente cobardes.



